Hoy vamos a hablar de la dualidad. Y no es porque sea alguna especie de tema fetiche, o porque me apetezca decir una serie de cosas confusas mezcladas con insultos. Escribiré únicamente porque no he ido a trabajar porque tengo fiebre, y no se si lo sabeis pero la fiebre a parte de ponerme en una especie de estado de embriaguez gracioso (mi madre acaba de preguntarme que por qué estaba hablando sólo) me pone hiperactivo, y la hiperactividad encerrado en mi casa me mata…
La dualidad es visible en muchas facetas de mi vida. Son siempre auténticas tonterías, pero es dualidad al fin y al cabo ya que considero que es la base para mantener el equilibrio mental en este mundo en el que vivimos.
Todo el mundo tiene al menos una opinión sobre algo, aunque muchas veces no lo diga ya sea por discreción, miedo, o por no ser polémico. Yo normalmente me posiciono en los dos lados, de tal forma que puedo mantener una conversación sobre el mismo tema con dos personas de opiniones distintas y pasarmelo bien (Excepción 1: NO soporto, ni tolero ningún movimiento radical o violento, pero especialmente no soporto a la ultraderecha ni a los maltratadores, a los cuales les deseo todo lo malo que se que este mundo les puede proporcionar).
Vamos a poner un par de ejemplos.
Ejemplo 1: Huelga de informáticos y estudiantes de informáticos por el tema de las competencias de la ingeniería informática.
En este caso veo claramente dos vertientes. Una dice que todo el mundo tiene derecho a manifestarse de una forma legal y organizada. La otra dice: haber escogido otra carrera, nadie te obligó a escogerla. Gracias a este tema tuve una discusión bastante larga con la persona posiblemente más implicada con este tema en La Casilla, en la cual si bien le reconocí estar en su derecho, mantuve claramente mi posición de ‘haber escogido otra carrera’. No es muy bonito, pero creo que a estas alturas de la vida todos conocemos el juego de la vida lleno de blanco y negro, de lleno y vacío, y de ese perfecto equilibrio que hace que para que a uno le vaya bien a otro le tiene que ir mal. No es nada poético, ni agradable, pero venía en la letra pequeña y hay que tenerlo claro.
Cuando he empezado a escribir esto había pensado en utilizar un tema político como segundo ejemplo, pero como la última vez que hablé de política me llenaron el blog con amenazas (sí, muy poca gente lo vio porque quité los comentarios, pero era bastante gracioso la cantidad de gente que quería conocerme y tocarme la cara), así que intentaré no ser muy polémico y no dar demasiadas pistas, porque la gente que pueda leer esto es casi seguro que ya me conoce.
Ejemplo 2: El problema *asco (veis? si pongo un * no saldré en los buscadores, que ingenioso)
Para mí es practicamente un pasatiempo el ridiculizar a la gente que se forma opiniones raras con este tema, donde rara es todo aquello que no implique dialogar como las personas normales, ya sean gentes de izquierdas o de derechas (que basicamente me importais lo mismo vamos). En qué mundo vivimos, que para hacer apología de la libertad hemos de amenazar, secuestrar e incluso matar a otra persona? Qué mundo es este en el que las personas que se escudan bajo su bandera bicolor con símbolos pre-constitucionales y totalmente ilegales son nadie para pedir o exigir nada?
Esto va para todas esas personas con una fe ciega en el sistema político y que cree en los reyes magos: Aún no os habeis dado cuenta de que no hay nadie que de nada por nadie? Que cada uno siempre tratamos de buscar lo mejor para nosotros y los nuestros, y que si hemos de pisar a alguien para hacerlo estamos condenados a hacerlo? Entonces por qué dotar de mayor poder a unas personas que a otras o complicarnos cuando todos podríamos poner algo de nuestro lado por hacer un mundo realmente mejor? Este es otro ejemplo de dualidad: un pasota como yo, intentando hablar sobre lo que se debería hacer cuando se perfectamente que yo no haré nada por nadie que esté más lejos de aquello a lo que llamo ‘los míos’. (El termometro pita, ya sólo tengo 37,3ºC).
A toda esa gente que se escandaliza si me ve con una camiseta con una ikurriña riendome del movimiento abertzale, o a todos esos que me ven reirme cuando me hablan de unos ideales políticos que no se creen ni ellos: teneis que intentar ser más felices y marcaros objetivos más bajos, como ese que he mencionado de cuidar cada uno a los nuestros tratando de hacer el mínimo daño al resto.
Y si no quereis ser felices os jodeis, pero estais condenados a ser presa de mi risa y a formar por lo tanto parte de mi felicidad, así que tomad nota los de un lado y los del otro: formais parte del show del payaso triste que impera en nuestro mundo.
Os jodeis.